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MUNDO FIFÍ / SIBARITA

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Tres o cuatro días en Washington DC provocarán cambios de actitud en tu persona con sus museos, restaurantes y obras de arte, la Casa Blanca es sólo una de sus muchas atracciones. Foto: José Manuel Valiñas

Washington D.C.: romántico o familiar

Tres o cuatro días en Washington D.C. provocarán cambios de actitud en tu persona con sus museos, restaurantes y obras de arte, la Casa Blanca es sólo una de sus muchas atracciones.

Pese a que, en primera instancia, Washington D.C. no está en la mente de un viajero profesional, esta ciudad lo tiene todo, y resulta ideal tanto para una escapada de fin de semana con la pareja, como para estancias más largas en familia.

Mañana de museos en Washington D.C.

Para visitar el circuito de museos del Instituto Smithsoniano te recomendamos llegar temprano, toda vez que son instalaciones culturales enormes.

Puedes destinar las mañanas y parte de la tarde a los museos, y en el ocaso visitar los diferentes monumentos, o memoriales, que también son una gran experiencia.
Empieza por el famoso Castillo y rodea sus bellos jardines.

Luego puedes encaminarte al Museo Nacional del Aire y del Espacio, que contiene la mayor colección de aviones y naves espaciales del mundo (desde el primer avión de los hermanos Wright, de 1903, hasta el transbordador espacial Discovery), que provoca el asombro de chicos y grandes.

Lo mismo sucede en el Museo Nacional de Historia Natural, que contiene más de 125 millones de especímenes de los reinos mineral, vegetal y animal.

Museo Nacional de Historia Natural en Washington D.C. Foto: Twitter
Museo Nacional de Historia Natural en Washington D.C. Foto: Twitter

Todos los museos Smithsonianos se encuentran en el National Mall, la gigantesca explanada que se extiende desde el Capitolio hasta el Monumento a Washington. Otros museos que no te debes perder son el Museo de Arte y Cultura Afroamericana, el Jardín de Esculturas y la Galería Freer.

Todo esto lo puedes hacer en uno o dos días, pero debes dejar la Galería Nacional de Arte para una jornada especial. Este museo se divide en dos edificios, unidos por un pasaje subterráneo, que contiene obras de Rafael, Tiziano, El Greco, Leonardo, Giotto, Vermeer, Rembrandt y muchas colecciones más.

Monumento a Washington. Foto: Getty Images
Monumento a Washington. Foto: Getty Images

Al caer la tarde, dirígete a los memoriales. El primero que puedes ver es el de George Washington, el famoso obelisco, que luce espectacular al caer la tarde.

Puedes encaminarte después al de la Segunda Guerra Mundial, para cerrar con el de los caídos en Vietnam, justo cuando está llegando la noche, que es la mejor hora para contemplarlo en un estado de conciencia también crepuscular.

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Por último y aunque sea ya de noche, visita el Monumento a Lincoln, donde se reúnen miles de personas a todas horas para contemplar la escultura del héroe que acabó con la esclavitud. Ahí podrás sentir esa emoción que vivieron 250 mil personas al escuchar desde ahí las palabras de Martin Luther King: “Yo tengo un sueño, que mis hijos vivan en un país en el que no sean juzgados por el color de su piel, sino por los rasgos de su personalidad”.

Washington Syline. Foto: Getty Images
Washington Syline. Foto: Getty Images

Al día siguiente se puede terminar la visita en el segundo edificio de la Galería Nacional de Arte, dedicado al arte moderno y contemporáneo, con obras de Picasso, Miró, Matisse, Pollock, Warhol, Calder, etcétera.

Al terminar, puedes tomar un refrigerio en los jardines del museo, mojando los pies en la inmensa fuente, como hacen cientos de personas, esperando uno de los muchos conciertos de jazz al aire libre.

El Capitolio puede esperar al tercer día. Aparta tu lugar por internet. En algunas salas te sentirás en la serie House of Cards. Lo mismo ocurrirá si visitas la Casa Blanca.

Pasa por la Biblioteca del Congreso, con sus 160 millones de piezas y sus 4 mil kilómetros de estanterías (entre los que se encuentra una Biblia de Gutemberg de 1455).

También puedes dirigirte al Barrio Chino y su imponente puente de la amistad, con sus 300 dragones que llaman a la suerte (aunque no sabemos qué dirían esos dragones en tiempos de la guerra comercial).

Encontrarás la Universidad y la Old Stone House, los edificios más antiguos, y puedes tomar un aperitivo en el Martins Tavern, en donde John F. Kennedy se puso de rodillas para pedirle matrimonio a Jacqueline Lee Bouvier, en 1953.

Y, por supuesto, no te puedes perder el barrio de Georgetown, a las orillas del Potomac, la zona bohemia del Distrito de Columbia, con edificios tradicionales, restaurantes y bares trendy. Simplemente camina por sus calles y déjate llevar.

Por: José Manuel Valiñas

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