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MUNDO FIFÍ / CULTURA

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La mujer rota, Simone de Beauvoir. Foto: Pexels / Francesca Zama

Libros en tiempos de cuarentena: La mujer rota

“Me siento solidaria de las mujeres que han asumido su vida y que luchan por lograr sus objetivos; pero eso no me impide, al contrario, interesarme por aquellas que, de un modo u otro, han fracasado y, en general, por esa parte de fracaso que hay en otra existencia”,

Simone de Beauvoir

A través de la historia, las mujeres han logrado una emancipación en la sociedad contemporánea, misma que aunque no está en su totalidad, ha dado apertura a que desempeñen diferentes roles en su entorno; sin embargo, no es característica de todas. 

Aún hay mujeres con un solo rol: el ser madres y esposas. Estas mujeres se ven inmersas en una profunda nostalgia y quiebre emocional cuando su rol les es arrebato. 

Y él elegía apartarse de mí, romper nuestras complicidades, rechazar la vida que al precio de tantos esfuerzos le había edificado. Se volverá un extraño”.

La escritora francesa, Simone de Beauvoir lo tenía muy claro cuando escribió La mujer rota, en 1968, década en que se desarrolló la Segunda Ola Feminista. Por los que sus libros siempre fueron sinónimo de polémica.  

Simone de Beauvoir creó una excepcional narrativa filosófica con la recopilación de tres relatos protagonizados por mujeres. La mujer rota enmarca los pensamientos más profundos cuando el fracaso se interpone en sus vidas, la mayoría de veces, le llamamos decepciones amorosas.

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Aunque la obra se divide en tres relatos distintos: la edad de la discreción, monólogo y La mujer rota, todas las protagonistas son víctimas de sus decisiones conyugales. Y, es que a todas en algún momento nos han dejado rotas por dentro, sin aliento y con un camino de soledad por vivir.

Pero sé que me moveré. La puerta se abrirá lentamente y veré lo que hay detrás de la puerta. Es el porvenir. La puerta del porvenir va a abrirse. Lentamente. Implacablemente. Estoy sobre el umbral. No hay más que esta puerta y lo que acecha detrás. Tengo miedo. Y no puedo llamar a nadie en mi auxilio. Tengo miedo”.

El estilo de la autora es crudo, mordaz y profundo. En el último relato, La mujer rota, se caracteriza por ser un diario, en el que como lector puedes profundizar en el desarrollo emocional de la protagonista, Monique, madre de dos chicas; quien su marido decide tener más que una aventura con una prestigiosa abogada.

El problema no es la infidelidad, si no la actitud comprensiva que detona Monique. Acepta y reconoce la otra relación que lleva su esposo, al permitirle seguir con su amante a costa del amor incondicional que le tiene. Siempre pensando en él y su relación.

Poco a poco ella se va fragmentando en dolor, angustia, comparación y desesperación, sentimientos que la llevan a una profunda depresión, carente de abandono hacia su persona y a todo lo que representa su vida. Entonces, ¿la construcción de una mujer es estar necesitada del otro?

“Todo se entremezcla en mi cabeza. Creía saber quién era yo, quién era él; y repentinamente ya no nos reconocía, ni a él ni a mí”.

En cada una de las historias se encarna la angustia, la esperanza tardía, el abandono del amor propio y el interminable sufrimiento por sacrificar el amor incondicional hacia el otro.

Estas mujeres están rotas porque le han dado tanto valor a lo que aman, que ahora no saben qué hacer sin ello. El amor siempre otorga valor pero no siempre reciprocidad.

Los tres relatos te congelan, te sensibilizan porque están llenos de tortura emocional y encarcelamiento por dar tanto, pero al mismo tiempo te hace reflexionar sobre el rol que desempeñamos como mujeres ante ese ser amado que enaltecemos muchas veces.

Bien dicen que el amor lleva implícito el cuidar y admirar al otro. El amor no se condiciona y la palabra sacrificio debe sobrar. Y si en un mañana el amor se ahoga en llanto, no queda más que reconstruirse. 

“Hay que esperar siempre que el azúcar se derrita, que el recuerdo se esfume, que la herida cicatrice, que el sol se oculte, que el fastidio se disipe. Extraño el corte entre esos dos ritmos. Al galope mis días huyen y en cada uno de ellos languidezco”.

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