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Cuando surgieron las primeras computadoras, Printaform tenía casi dos décadas de experiencia en fabricar productos como calculadoras y cajas registradora. Foto: Cortesía

Printaform, situada con viento a favor

Por: Rodrigo Camino

Las computadoras Printaform fueron un éxito en las décadas de los años 80 y 90, al grado de que la empresa fundada y dirigida por Jorge Espinosa Mireles, era conocida como “el gigante amarillo”.

Era tal el reconocimiento de marca que el logotipo amarillo con tipografía negra era de pronta recordación e incluso ocupaba sitios muy arriba (64ª posición) en el escalafón de las 500 empresas más rentables de México, que ha venido reseñando año con año la revista Expansión. De hecho, a su fundador se le puso el mote del “Quijote de la comunicación”.

El reto de Printaform para adaptarse al cambio

La razón del éxito fue que supo sumar y logró integrar un equipo de más de cinco mil distribuidores, creó las computadoras “Made in México” para trabajo pesado y su importancia fue de tal magnitud, que incluso cerró grandes acuerdos con los gigantes de la computación como Microsoft, incluso firmó acuerdos con el fundador de la marca, Bill Gates.

Pero lo más importante es que vendía PC con precios al alcance para la clase media mexicana, mientras que las marcas internacionales las expendían a precios caros.

“Hoy aún existe, pero como negocio de papelería y venta de muebles”.

Cuando surgieron las primeras computadoras, Printaform ya tenía casi dos décadas de experiencia en fabricar productos como calculadoras, cajas registradoras, aparatos cibernéticos en ciernes, además de las formas impresas (solicitudes de empleo, vales de caja, entre otros) que dieron nombre a la marca. Así que ensamblar “otras” cajas con chips, procesadores, ventiladores y tarjetas inteligentes era cuestión de aprender y listo.

Espinosa Mireles solía decir, en aquellos lejanos años 90, que “el gobierno más que apoyar se dedica a vigilar y a cazar empresas. Si el gobierno no revisa su actual política fiscal va a inhibir nuevas inversiones, sobre todo entre las micro y pequeñas empresas porque la carga es muy pesada. Muchos pequeños negocios están a punto de quebrar y el gobierno en vez de apoyarlos se lanza sobre ellos”.

Un factor que indiscutiblemente afectó a la empresa fue el secuestro de Espinosa Mireles en la primavera de 1992. Pese a todo, la compañía se mantuvo fuerte. Printaform aún existe, orientada hacia la papelería y a muebles en general, haciendo a un lado en definitiva, la comercialización de computadoras.

¿Qué hicieron Mireles y su equipo para subsistir?

Con la llegada de la computadora, que ellos ayudaron a distribuir en México, las formas impresas tuvieron una utilidad cercana a cero y al abrirse las fronteras en México y tener que competir con auténticas potencias y marcas asiáticas, Printaform cerró la división de ensamble de PC.

Sin embargo, la empresa todavía mantenía los contactos con los chinos y las “rutas de navegación” y hoy importa y vende muebles domésticos (salas, comedores, recámaras) y de oficina (escritorios, sillas, entre otros).

Historia de un secuestro

El 20 de mayo de 1992, Jorge Espinosa Mireles, de 62 años de edad, fue secuestrado por el Partido Revolucionario Obrero Clandestino Unión del Pueblo (Procup). Los familiares dieron a conocer un comunicado:

“Queda confirmado el secuestro del señor Jorge Espinosa Mireles; se cree que está en buenas condiciones y que lo están tratando bien. La familia del señor Espinosa no desea hacer comentarios sobre este hecho, porque su vida corre peligro. Lamentamos que el incidente haya sido dado a conocer a la opinión pública”.

Ese año fue liberado y retomó su trabajo. Extraoficialmente, se dijo que los secuestradores exigían 15 millones de dólares.

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